Visual presentation of this web site requires JavaScript. Avanzar al contenido principal
¿YA TIENE UNA CUENTA VSP.COM? Ingrese aquí:
¿Olvidó su usuario o contraseña?
English
 
Volver | Imprimir    

La pérdida repentina de la visión indica que las arterias están enfermas

Hay un viejo dicho que dice que cuando una puerta se cierra otra se abre.  Para este hombre jubilado y ávido jugador de golf, la puerta que se cerró fue la vista del ojo izquierdo. La puerta que se abrió fue una enorme pista de que tenía un problema cardiovascular muy serio.

Ken Calderwood, supervisor de piezas de aeronaves jubilado de Lawdale, California, es un hombre alto. Con 6'2" de altura, por lo general se siente más grande que la mayoría de las cosas a su alrededor. Pero ese día en el campo de golf, es probable que se haya sentido bastante indefenso y desorientado. Justo cuando iba a golpear la bola, el golfista handicap nueve, de repente no pudo ver con el ojo izquierdo.

Recuerda que "todo se oscureció en ese ojo, como si la persiana de una ventana hubiera descendido delante de él."

Lógicamente, se asustó. Ken dejó caer su putter ahí mismo en el green. Entrecerró los ojos. Pestañeó.. Trató de tranquilizarse cuando la ansiedad se apoderó de él. La "ceguera" duró alrededor de dos minutos solamente, pero pareció una eternidad. Impresionado, retomó su juego.

Pero más tarde hizo algo inteligente. Le contó a su esposa, Laura, sobre el misterioso episodio. Y, luego, Laura hizo también algo inteligente. Le insistió a su marido en ir derecho a su amiga y doctor de atención de la vista, Sandra Horwitz, O.D.

A la mañana siguiente, Ken estaba sentado en la silla de revisión. Pero no estuvo ahí por mucho tiempo. En respuesta a la urgente insistencia de la Dra. Horwitz, Ken iba en camino a su médico clínico. Esto sucedió porque la doctor de atención de la vista de Ken supo de inmediato lo serio que puede ser la pérdida de la visión breve y repentina.

La Dra. Horwitz recuerda: "tan pronto escuché la historia de Ken y examiné sus ojos, sospeché que su pérdida temporal de visión podría ser un síntoma de obstrucción de un vaso sanguíneo, probablemente en una de las arterias carótidas que se ubican a ambos lados del cuello y suministran sangre al cerebro.

En el consultorio del médico clínico, Ken contó una vez más los detalles del extraño suceso. Un rápido ultrasonido fue suficiente para develar la verdadera historia: ambas arterias carótidas de Ken estaban 90% obstruidas. La clásica acumulación de tejido adiposo envió su primera pista a través de los ojos de Ken.

Unas pocas horas después, estaban preparando a Ken para realizarle una cirugía de emergencia. Unas semanas más tarde, una segunda operación finalizó el trabajo de limpieza. 

"La cirugía se realizó en febrero de 2001," cuenta hoy Ken, "y todavía no he tenido ningún problema con la visión. Ahora tengo 67 años y mi juego de golf es tan fuerte como siempre, gracias a la Dra. Horwitz, que es una gran doctora de atención de la vista y una gran amiga.

"Yo soy alto y Sandy tiene apenas cinco pies de altura. Cuando le cuento a la gente cómo aquel examen develó mi problema de salud, la llamo '¡la pequeña doctora de atención de la vista que salvó mi vida!'"

Para la Dra. Horwitz, la terrible experiencia de Ken es otra razón más que resalta la importancia de los exámenes oculares, para sus ojos y para su vida.

Fuente: VSP